El Papa: Quien ganó y quien perdió.
30/03/2012 Dejar un comentario
Benedicto XVI se fue de Cuba ayer miércoles bajo un intenso aguacero- como bendición del cielo- después de una intensa estancia de tres días en la isla en un viaje que puede ser descrito como un emotivo encuentro con el pueblo cubano, su virgen de la Caridad, la jerarquía de la Iglesia católica Representada por sus Obispos encabezados por el Cardenal Jaime Ortega, así como con las figuras más representativas del Estado, el Presidente Raúl Castro y el líder histórico de la Revolución Fidel Castro.
¿Qué no cedió el Papa a las presiones que le venían haciendo para que se entrevistara con los Disidentes pagados por un gobierno extranjero? Pues hizo muy bien Benedicto XVI en cumplir su agenda de viaje sin doblegarse ante fuerzas extrañas porque solo ante Dios se inclinan los Papas.
¿Quién ganó y quien perdió con la visita del Papa a Cuba? La pregunta tiene distintas respuestas, dependiendo a quien se la haga la pregunta, pero independientemente de lo que digan unos y otros, está bien claro que quienes ganaron, a fin de cuentas fueron Cuba, su pueblo, la Iglesia el Papa, el Vaticano y el gobierno cubano. Y quienes perdieron fueron los que intentaron sabotear la visita del Papa a la isla, levantando consignas de odio que nada tienen que ver con el verdadero sentimiento cristiano.
Entre los perdedores está la extrema derecha cubana de Miami, los Canales Cloacas del sur de La Florida, El Nuevo Herald en Español, los tres Congresistas Republicanos Ileana Ros, Mario Díaz Balart y David Rivera, el Senador Marco Rubio, la Redonda Ninoska , el Triple-Feo de Radio-Mambí, El Diario “El País” de Madrid, los “combatientes verticales de la calle 8” y todos y cada uno de los enemigos de la nación cubana que hicieron mejores sus esfuerzos por sabotear la visita del Papa a Cuba. Esa es mi conclusión, porque su mensaje final es lo que cuenta. El Papa se pronunció contra el Embargo de Estados Unidos a Cuba, a la vez que pedía cambios en Cuba y en el Mundo. Estamos de acuerdo. Y ahora que lloren de rabia los mercaderes del odio.







