La verdadera cara del terrorismo contra Cuba
01/06/2012 Dejar un comentario
La verdadera cara del terrorismo contra Cuba tiene otros nombres y apellidos y ya es hora de colocarlos sobre el tapete. Terroristas fueron Allan Dulles, director de la CIA durante la administración Eisenhower, uno de los primeros organizadores de planes terroristas contra la naciente Revolución cubana. Lo fueron también Richard Bisell, subdirector de planes de la CIA, al frente de operaciones clandestinas contra Cuba; Theodore Shackley, reconocido agente de la CIA al frente de importantes planes de subversión contra la isla; el general Edgard G. Lansdale, jefe de la siniestra Operación Mangosta; el doctor Joseph Scheider, químico de la CIA, experto en preparación de venenos de alto poder destinados a cometer asesinatos políticos; Frank Sturgis y James Noel, agentes de la CIA que proyectaron asesinar a Fidel Castro desde las oficinas de la Embajada norteamericana en La Habana.
Terroristas fueron el mayor Robert Van Hort, agregado militar de la Embajada norteamericana en La Habana, quien preparó planes de atentados contra el líder de la Revolución entre 1959 y 1960 y Louis Hebert, jefe del área
Centroamérica y el Caribe de la CIA, planificador de acciones criminales contra Cuba en los años sesenta.
Terroristas fueron Gerry Patrick Hemming, organizador de diversos atentados contra Fidel en Chile en noviembre de 1971 y David Atlee Phillips, agente de la CIA a cargo de la Operación Peter Pan, destinada a generar terror en la
población cubana.
Acciones criminales contra Cuba realizó Jhonny Roselli, mafioso con grandes intereses en los casinos de juego de Las Vegas, contratado por la CIA y el gobierno norteamericano para ejecutar planes de atentados contra Fidel Castro. Salvatore “Sam” Giancanna, gánster con gran poder en Chicago y Santo Trafficante, capo de los grupos mafiosos radicados en Cuba hasta 1958, también formaron parte de este ejército de criminales diseñado por la Casa
Blanca a través de las siniestras oficinas de la CIA en Langley
Miami es una ciudad que lleva la mancha de tener un teatro bautizado con el nombre de Manuel Artime, instigador de la muerte como método de lucha contra su propia gente. Mercenario al servicio de la inteligencia
norteamericana, alrededor de Artime se nuclearon los más repugnantes asesinos asalariados que no tenían límites entre participar en una marcha política, visitar una oficina del Departamento de Estado, incorporarse a una invasión armada o colocar un petardo dinamitero contra indefensos civiles.
El exilio de Miami bien sabe del tema. Sus calles han conocido a terroristas de todos los colores políticos y con el único elemento común de haber nacido por equivocación en Cuba. Desde personajes como Manuel Antonio(Tony) Varona, vinculado a grupos mafiosos en planes de asesinato contra Fidel Castro; pasando por Eduardo Arocena, pistolero a sueldo de narcotraficantes, líder del grupo terrorista Omega-7, inculpado por intentar asesinar al embajador cubano ante la ONU Raúl Roa Kourí, del asesinato del diplomático cubano Félix García en New York y del emigrado Eulalio Negrín en Nueva Jersey, de atentar con bombas contra la aerolínea Trans World en el aeropuerto John F.Kennedy, contra el Lincoln Center y la Embajada soviética ante la ONU entre muchos lugares siniestrados y que actualmente cumple cadena perpetua por su largo historial terrorista contra Cuba desde los Estados Unidos.
Terroristas son Antonio Veciana, ex agente de la CIA, involucrado en diversos planes de atentados contra el Presidente cubano y vinculado al narcotráfico, sentenciado a siete años de prisión por vender drogas. Terrorista fue Juan José Peruyero, esbirro de la policía batistiana, que se convirtió en uno de los criminales más activos de Miami, siendo el responsable directo del ametrallamiento desde el mar del poblado pesquero de Boca de Samá en
la antigua provincia de Oriente, donde murieron varios pescadores y muchas otras personas resultaron heridos, entre ellas dos niñas, a una de las cuales hubo que amputarle un pie. Como forma habitual de dirimir sus asuntos
con violencia, este sujeto fue asesinado a tiros por elementos mafiosos en Miami, por su vinculación con las estafas al exilio cubano por parte del delincuente y politiquero José Elías de la Torriente.
Verdadero terrorista es Pedro Remón Rodríguez, asesino a sueldo de la CIA, uno de los lugartenientes de Luis Posada Carriles que participó en innumerables planes de atentados contra Fidel Castro y uno de los asesinos
de Eulalio José Negrín Santos, emigrado cubano que defendía un cambio en las relaciones entre la emigración y la Patria y candidato a senador por el estado de Nueva Jersey. Remón Rodríguez también está involucrado en el
asesinato del diplomático cubano acreditado ante la ONU Félix García Rodríguez en 1980. Terroristas son los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampol, estrechamente vinculados a Luis Posada Carriles y cultivadores del terror a fuerza de bombazos en las zonas de Miami, Nueva York y Nueva Jersey.
Terrorista es Gaspar Eugenio Jiménez Escobedo, desertor de la Revolución, convertido en uno de los más peligrosos asesinos a sueldo de la CIA en Miami. Integrante de la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias
Unidas (CORU) junto a Orlando Bosch, en 1976 dirigió los ataques al Consulado cubano en Mérida y trató de secuestrar al cónsul cubano, acción donde resultó asesinado Artagnán Díaz Díaz, técnico cubano del Instituto Nacional de la Pesca.
Santiago Álvarez Fernández sí es un terrorista, juzgado por esconder armas de grueso calibre para utilizarlas contra Cuba. Álvarez Fernández era el “mecenas” de Posada Carriles y fue quien lo introdujo ilegalmente en territorio de Estados Unidos. Terrorista es Félix Rodríguez Mendigutía, conocido como el “Gato Félix”, mercenario de la Brigada 2506 que fue derrotada en Playa Girón, ex oficial de la CIA, involucrado en el asesinato del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia y uno de los implicados en el caso Irán-Contra, en el
trasiego de armas y drogas a través de la contrarrevolución nicaragüense junto al terrorista Luis Posada Carriles.
Armando Pérez Roura, el peor terrorista radial de Miami, goza de todo el apoyo de los políticos republicanos, incluso en las altas esferas del poder. Por años ha alentado a la desestabilización, la subversión y la anarquía dentro de Cuba a través de los micrófonos, en su afán de conseguir –alguna vez- sentarse en la poltrona presidencial. Terrorista es Enrique Encinosa, mayordomo radial de Pérez Roura, ex miembro de la agrupación terrorista Abdala, devenido apologista del terrorismo contra Cuba. En sus programas radiales se jacta de su relación amistosa con Posada Carriles, de quien se ha convertido en defensor y de su admiración por Orlando Bosch.
Terrorista es José Basulto, ex mercenario de Playa Girón, vinculado a diferentes organizaciones contrarrevolucionarias con activa participación en acciones criminales contra Cuba. Actualmente es el presidente del Movimiento Hermanos al Rescate. Advertido por las autoridades federalesnorteamericanas de no sobrevolar territorio cubano, continuó estas prácticas violatorias del derecho internacional, instigando a otros sin perjuicio propio, por lo que es el máximo responsable del derribo de las dos avionetas que violaron el espacio aéreo cubano en 1996.
Terrorista es Ramón Saúl Sánchez, el actual cabecilla del movimiento Democracia y un reconocido pistolero vinculado al desaparecido Frente de Liberación Nacional de Cuba (FLNC) y uno de los autores materiales del asesinato del emigrado Ramón Donéstevez, quien estaba a favor de mejores relaciones entre la emigración y las autoridades de la Isla.
Delincuente y criminal es Antonio (Tony) Calatayud Rivera, deshonesto farmacéutico y connotado terrorista, involucrado en el asesinato del diplomático cubano acreditado en Montreal, Sergio Pérez Castillo y
responsable de un atentado dinamitero contra la Embajada de Cuba en Paris. Actualmente está bajo investigación por estafar fondos federales destinados a planes médicos en Estados Unidos. Es uno de los organizadores de un gobierno “fantasma” de Cuba en el exilio, que se instalaría en la Isla después de un supuesto derrumbe de la Revolución.
Terroristas eran Andrés Nazario Sargen, dirigente máximo de la agrupación Alpha 66, fallecido hace algunos años y conocido en Miami como el “Capitán Araña” por su capacidad de instigar acciones criminales sin participar en ellas y Antonio (Tony) Cuesta Valle, jefe de los Comandos L, ejecutor deinnumerables infiltraciones clandestinas a territorio cubano, que incluían el ametrallamiento de instalaciones civiles en el litoral norte de Cuba.
Terrorista es Roberto Frómeta, autotitulado “comandante” y líder de los Comandos F-4 en Miami, organización paramilitar de corte violento donde curiosamente todos sus integrantes son “comandantes” y que enfila sus
acciones contra Cuba y Venezuela. Cumplió condena en Cuba por tratar de ejecutar acciones terroristas mientras pertenecía a Alpha 66 y más tarde fue condenado en Estados Unidos por traficar armas de guerra y salió de prisión
gracias a los buenos oficios de sus amigos congresistas Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen.
Orlando Bosch es un repugnante criminal, médico pediatra de profesión y asesino de vocación, quien ha vivido para sembrar la muerte y el terror por cada lugar que habita. Organizador junto a Posada Carriles del
atentado dinamitero que derribó a un avión cubano en pleno vuelo con 73 personas a bordo en 1976. Sicario a sueldo del gobierno fascista del general Augusto Pinochet, es uno de los responsables del asesinato del ex canciller
chileno Orlando Letelier y su secretaria en Estados Unidos. Se jacta públicamente de sus crímenes y recibió un perdón presidencial del ex presidente George Bush padre, por lo que vive en libertad en la ciudad de Miami.
Y para cerrar esta reducido y limitado muestrario de asesinos, habitantes y protegidos del mismo gobierno que acusa a Cuba de terrorista, no puede faltar el maestro de todos los terroristas, Luis Posada Carriles, que entre muchas acciones criminales a lo largo de su prolongada vida como asesino profesional al servicio de la CIA, fue el cerebro de los atentados dinamiteros ocurridos en La Habana en 1997 contra instalaciones turísticas que costaron la
vida al turista italiano Fabio Di Celmo. Además, organizó atentados contra Fidel Castro en las CumbresIberoamericanas de Guadalajara en 1991, en Madrid en 1992, en Cartagena de Indias en 1994, en Isla Margarita en
1997 y en Panamá en el 2000. En agosto de 1998 planificó otra fallida acción terrorista contra la vida del máximo líder cubano en República Dominicana.
Los verdaderos terroristas siguen deambulando tranquilamente por las calles de Miami o han muerto entre la tranquilidad de su hogar y la zozobra de sus conciencias, pero no aparecen en ninguna lista acusadora redactada
en las oficinas del State Departament que dirige la señora. Hillary Clinton.
Habría que redactar cientos, quizás miles de páginas para poder presentar en su totalidad, la verdadera historia del terrorismo que se ha generado contra Cuba desde los Estados Unidos, el país que sin el más mínimo pudor,
pretende acusar a Cuba de terrorista.
Categóricas fueron las palabras del canciller cubano Bruno Rodríguez Parilla, en respuesta a una pregunta que le formuló la agencia France Press sobre la decisión del Departamento de Estado yanqui. «No reconocemos ninguna autoridad política ni moral al gobierno de Estados Unidos para hacer lista alguna, en ningún tema, ni para “certificar” buenas o malas conductas». Y añadió: «Cuba ha sido víctima del terrorismo por muchos años y tiene hoja de servicios totalmente limpia en esta materia. Jamás el territorio cubano se ha utilizado para organizar, financiar o ejecutar actos terroristas contra los Estados Unidos. El Departamento de Estado, que emite esos informes, no podría decir lo mismo».
El presidente Barack Obama cayó en la encrucijada fatal que le impone actuar con la decencia y la honestidad que el mundo entero espera respecto a Cuba, o sucumbir a los intereses políticos de una mafia atrincherada en el sur de La Florida. Esta vez se inclinó hacia sus acreedores en Miami, los que han hecho del terrorismo un oficio, y para quienes la destrucción de la Revolución Cubana siempre ha sido una obsesión.

















