El negocio de la fe

por Pedro González Munné

Luego de la visita del Santo Padre a Cuba y cuando se apagan los ecos de tanta palabrería e imagen desperdiciada en el éter, quiero dar mi humilde opinión sobre la lamentable muestra de rabia, odio y miedo perneando los medios en Miami. Las causas pueden ser muchas: el odio primario a la iglesia, la frustración por la demostración de una verdadera fiesta de fe en Cuba o sencillamente, la esperanza del miserable de complacer a quienes le pagan.

Es significativo en este circo de colores, papeles y alaridos, solamente dos casos de personas mostrando su desacuerdo con el Gobierno cubano surgieron en toda la parafernalia de los medios, montada para esperar una oleada masiva, estilo tsunami politico que arrasara con el cubano fiel y preparara el terreno para los marines, preludio de luego la arribada masiva de los Mesías de Miami, en sus pantuflas acolchadas, escoltados por sus perritos falderos.

No sucedió. Pero tampoco ninguna de las tantas y una organizaciones exiliadas, financiadas alegremente con el dinero de nosotros los contribuyentes por la Administracion Obama y el Departamento de Estado, encabezado por la Sra. Clinton, notoria por su desprecio a todo lo que huela a latino, ninguna, repito, pudo reclamar como suyo esos dos actos.

¿Por qué? Creo que es sencillo: ninguna de esas dos personas, en un país de 11 millones habitantes estaba en la nómina.

Pueden existir miles de excusas o razones, pero para mí, católico de toda la vida, nunca comunista, esto es representativo de que el cambio en Cuba viene desde adentro, y eso, estimados míos, va mas allá de la piel, del cerebro y el corazón, viene desde la fe y diria yo, a Dios gracias, pues va barriendo con el odio, los falsos ídolos y nos colma de compasión y amor a todos los cubanos buenos.

Me remito, con mi humilde pedantería de compañero, al panteón de mis heroes y sigo confiando en el mejoramiento humano, pero sobre todo, por encima de palabras, togas y lujos, sigo creyendo en una Nación con Todos y por el Bien de Todos.

* Director de http://www.lanacioncubana. Cinco libros publicados, uno en edición. Cuatro premios nacionales de periodismo en Cuba, Vanguardia Nacional del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura de Cuba.

Avistaron en Canadá un barco japonés arrastrado por el tsunami de 2011

El barco estuvo flotando durante un año sin nadie al mando. El dueño ya fue identificado.

BARCO FANTASMA. Estuvo un año a la deriva.

Un barco de pesca japonés arrastrado por el tsunami de marzo de 2011 fue avistado flotando a la deriva cerca de la costa oeste de Canadá, según informó Marc Proulx, agente del Centro de Rescate Conjunto de Victoria (Columbia Británica).

El pesquero fue visto por primera vez por una patrulla aérea militar canadiense y se determinó que estuvo a la deriva sin nadie al mando desde el devastador terremoto y posterior tsunami ocurridos en Japón el 11 de marzo de 2011 que dejó unos 19.000 muertos y desaparecidos.

Según investigadores de la Universidad de Hawai, el tsunami generó más de 25 millones de toneladas de escombros, de las que al menos cuatro millones fueron a parar al mar.

Las autoridades canadienses están vigilando el barco para evitar una posible contaminación marina, aunque no hay indicios de fugas. El dueño del barco ya fue identificado por las autoridades japonesas.

Sismo de magnitud 7,0 remece a Japón; no hay alerta de tsunami

Un terremoto de 7 grados Richter sacude la costa central de Japón sin daños

Tokio, 1 ene (EFE).- Un terremoto de 7 grados de magnitud en la escala abierta de Richter se produjo hoy en el mar, al sur de la costa central de Japón, sin que se haya informado de daños ni emitido alerta de tsunami.

La Agencia Meteorológica de Japón indicó que el seísmo ocurrió a las 14.28 hora local (05.28 GMT) en aguas alejadas de la zona central Torishima Kinkai, a una profundidad de 370 kilómetros.

El terremoto alcanzó una intensidad 4, en la escala japonesa cerrada de 7 grados centrada en las zonas afectadas más que en la intensidad del temblor, en ciudades de las zonas asoladas por el terremoto del pasado 11 de marzo como Iwanuma, en la provincia de Miyagi, Hitachi, en la de Ibaraki, o Minamisoma, en Fukushima.

Además, en Tokio el terremoto se sintió con una intensidad de 4 en la escala japonesa en el distrito de Chiyoda y de 3 en otros como Minato o Shinjuku, sin que se hayan registrado incidencias.

Según la televisión nipona NHK, el sismo no ha producido ninguna alteración y tanto los trenes como los principales aeropuertos operan con normalidad.

Japón se asienta sobre una de las zonas sísmicas más activas del mundo por lo que los terremotos ocurren con relativa frecuencia, aunque en la mayoría de los casos no tienen graves consecuencias.

El terremoto y posterior tsunami que arrasó el noreste del país el pasado 11 de marzo se ha cobrado, según datos actualizados el 30 de diciembre por la Policía nipona, 15.844 muertos y 3.451 desaparecidos.

 

 

#Japón: De Hiroshima a Fukushima

Una familia contempla el océano Pacífico desde el lugar donde se levantaba su casa, arrasada por el tsunami del pasado 24 de abril. SERGEY PONOMAREV / GTRES

Hiroshima y Nagasaki recuerdan estos días su holocausto atómico de 1945. Los actos seguramente estarán marcados por la tragedia del pasado 11 de marzo, causada por el terremoto y el tsunami que además convirtió en una amenaza la central nuclear de Fukushima.

Sesenta y seis años después, el llamamiento a favor del desarme nuclear se realiza un año más. Los días 6 y 9 de agosto, los parques y memoriales de la Paz de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki acogen, con un silencio conmovedor, los toques de campana que recuerdan hasta dónde puede llegar la barbarie humana. Se ofrendan miles de flores y se liberan palomas como signos de paz. Al anochecer, los ciudadanos lanzan linternas de hojas de bambú al río Motoyasu en Hiroshima y al Hurakame en Nagasaki. Honran la memoria de las almas de los fallecidos por los bombardeos atómicos de 1945.

Los actos de este año están marcados por la gran tragedia acaecida el 11 de marzo. Un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter provocó un brutal tsunami que azotó la costa nordeste japonesa. Los últimos datos oficiales contabilizaron 15.547 muertos y 5.344 desaparecidos. La región sufrió varias réplicas: la del 10 de julio alcanzó los 7,1 grados, si bien no causó víctimas ni daños. Pero Fukushima es el mayor drama humano en el país desde 1945. Al igual que Hirohito entonces, también el emperador Akihito se dirigió solemne y excepcionalmente al pueblo japonés para expresarle su consternación y solidaridad.

Los eficaces sistemas de alerta del país evitaron más víctimas. Los edificios y demás infraestructuras técnicamente preparadas resistieron los seísmos. Los 22 trenes de alta de velocidad shinkansen que circulaban en aquellos instantes se pararon automáticamente. Pero el tsunami no sólo arrasó ciudades y pueblos enteros del litoral. Golpeó también la central de Fukushima, sita en primera línea de mar a 240 kilómetros al norte de Tokio, provocando el peor accidente desde el de Chernóbil, en 1986. El fantasma nuclear reapareció otra vez en Japón y evidenció los riesgos de las centrales nucleares en un país repetidamente azotado por los seísmos y tsunamis.

Constituye una gran paradoja que el único edificio que quedó parcialmente en pie en el epicentro de la explosión de Hiroshima fue el Museo de la Ciencia y la Industria. El novelista japonés Kenzaburô Ôé, premio Nobel de Literatura 1994, invita a grabar Hiroshima en la memoria como fuente de reflexión y acción comprometida para evitar otros desastres en el futuro. Insiste en que el uso de la energía nuclear como base para el desarrollo económico es contrario al recuerdo de las víctimas. El autor de Notas sobre Hiroshima parece tener razón cuando alertaba sobre los peligros de la opción nuclear, incluso para uso civil.

Fukushima, al igual que antes Hiroshima, envía un claro mensaje tanto a la ciencia como a las conciencias. Otro Nobel, el de Economía del 2001, Joseph Stiglitz, recuerda que las nuevas tecnologías, por muy avanzadas que sean, no pueden eliminar los riesgos de accidentes con alto coste humano y económico. El hombre difícilmente podrá controlar completamente las fuerzas de la naturaleza. Son anteriores y superiores a él. Fukushima muestra que ni siquiera Japón estaba suficientemente preparado para afrontar un terremoto-tsunami contra una central nuclear en la costa. Tras el 11 de marzo habrá que imaginar lo inimaginable para prever lo ­imprevisible.

Hiroshima fue una tragedia provocada por una brutal decisión humana con fines militares. Fukushima se apunta como el resultado de la imprevisión, la impericia y, acaso, del exceso de confianza. La central fue diseñada para resistir una ola de 5,5 metros, tomando como referencia el tsunami de Chile de 1956. Los reactores resistieron el seísmo y se pararon automáticamente, pero el sistema de refrigeración dejó de funcionar cuando una ola de 15 metros lo dejó sin suministro eléctrico. Fukushima fue algo más que una catástrofe natural. Se sumó a ella la negligencia humana. Y esto duele especialmente en un país cuya cultura se desarrolla en torno a la importancia de vivir en armonía con la naturaleza.

En la zona arrasada se miden ahora altos niveles de radiactividad. Cerca de 80.000 personas que residían en un radio de 20 kilómetros en torno a la central fueron desplazadas a zonas más seguras. La mitad sigue acogida en centros gubernamentales, el resto se ha reinstalado en otras zonas. También el litoral marítimo quedará contaminado durante largo tiempo por las aguas radiactivas vertidas desde los reactores dañados al mar. Preocupa que afecten a la cadena alimenticia que llega hasta el hombre. El pasado 17 de julio, el Gobierno prohibió, por ejemplo, la comercialización de carne vacuna procedente de la zona tras detectarse algunas partidas contaminadas con sustancias radiactivas.

El hecho de que una parte del país esté de nuevo contaminada por la radiactividad constituye un gran shock para los hibakusha, los ancianos supervivientes de las dos bombas atómicas, así como para sus descendientes, los hibaku nisei. Muchos de ellos siguen recibiendo atención médica periódica y otras ayudas oficiales y persisten en su empeño por sensibilizar, sobre todo a los jóvenes, sobre los trágicos efectos de las armas nucleares. A partir de ahora y durante los próximos 30 años, el Gobierno deberá destinar un nuevo fondo para controlar la salud de los habitantes que residían dentro del área de Fukushima a fin de prever las posibles secuelas directas o indirectas del accidente nuclear.

La mejor lección del 11 de marzo: la responsabilidad, la serenidad y el civismo de los japoneses, que impresionaron al resto del mundo. Forma parte de su ADN cultural. Cada cual sabía cómo comportarse en situaciones de emergencia. Los ciudadanos respondieron responsablemente a las indicaciones del Gobierno, incluso en pequeños detalles como el cambio de hábitos o de indumentaria para favorecer el ahorro de energía. El interés colectivo prima sobre el individual. Un ejemplo extremo de solidaridad es el de los ingenieros, médicos y obreros de edad avanzada que se ofrecieron voluntariamente en las tareas de control del accidente en el lugar de los jóvenes, para reducir los expuestos a contraer cáncer debido a los peligrosos niveles de radiación. Más allá de las imágenes del desastre retransmitidas en directo a todo el mundo, no se borrará de la memoria la gran entereza del pueblo japonés.

La reacción de los responsables políticos y empresariales en la gestión de Fukushima, antes y después de la crisis, no fue tan ejemplar. A decir de la opinión pública, fallaron en la previsión, reaccionaron tardíamente y minimizaron luego los daños sufridos en los reactores. Muchos se preguntan cómo pudo ocurrir un accidente de tal calibre en un país líder tecnológico mundial. Después de todo, Japón no es Ucrania. Y sin embargo, parecen haberse dado en Fukushima altas dosis de inercia, indecisión y falta de transparencia en la gestión, situaciones derivadas de la connivencia entre los políticos, funcionarios y Tepco, la operadora de la central nuclear. Los japoneses son eficaces trabajando en equipo, aunque a veces, y desde la percepción occidental, puedan pecar de una falta de rapidez y agilidad a la hora de tomar decisiones. Para ellos, prima el acuerdo por consenso, lo cual toma indefectiblemente su tiempo.

Hoy, los japoneses son mayoritariamente favorables a revisar la política energética de su país. El diario económico The Nikkei informaba el 27 de junio que el 70% de la población se opone a reabrir las centrales nucleares. Actualmente, 35 de los 54 reactores siguen inactivos. Todos serán sometidos a pruebas de resistencia antes de decidir si vuelven o no a operar. Y los cuatro de Fukushima serán desmantelados lo antes posible.

El primer ministro Naoto Kan, con un nivel de popularidad del 15%, que apunta a que está políticamente acabado, anunciaba el 13 de julio que Japón frenará y reducirá gradualmente su actual dependencia de la energía nuclear, que no se construirán nuevos reactores y se apostará por las energías renovables.

La opinión pública se muestra escéptica y sospecha que la decisión no sea definitiva. La energía nuclear es el pilar que asegura el 30% del consumo energético del país. Y un cambio sustancial hacia otras energías alternativas requerirá tiempo, al menos dos décadas. El lobby nuclear argumenta que poner en cuestión la energía nuclear encarecerá los precios para el consumidor. Además, el proceso para cerrar y desmantelar las centrales nucleares será muy largo, costoso y complejo por razones políticas y económicas.

Habrá, en cualquier caso, en Japón un antes y un después del 11 de marzo del 2011. En el ámbito económico, esta crisis se superará sin duda a medio plazo. Los programas de reconstrucción generarán un impulso en la capacidad productiva del país. En lo político, se ha apuntado la necesidad de un nuevo modelo de gobernabilidad, más transparente y menos ligado a los clientelismos de los grandes conglomerados empresariales. En lo social, Japón se plantea cómo corregir el bajo índice de natalidad y el rápido envejecimiento de la población y la apertura también a la inmigración extranjera. El déficit demográfico afecta negativamente al consumo, al ahorro interno y a la financiación del sistema de salud y de pensiones: Japón debe rejuvenecer. La sociedad nipona, por razones históricas y geográficas y a diferencia de la china o la surcoreana, no acaba de abrirse al exterior. Sus universidades cuentan con poca presencia de profesores y estudiantes extranjeros. Tampoco los japoneses suelen ampliar estudios fuera del país. Pero se planeta que el mantenimiento de la identidad nacional y cultural debe conjugarse con una mayor apertura externa, más allá de los ámbitos económico y comercial.

La historia recuerda que Japón ha sufrido catástrofes tanto naturales como provocadas por las guerras. Y, ante la fatalidad y la derrota, los japoneses reaccionan sumando esfuerzos para levantarse y reconstruir. En 1945 se abrió una etapa de rápido desarrollo que convirtió Japón, ya en 1968, en la segunda economía mundial. También se superaron los devastadores efectos del terremoto de Kobe de 1995. Pero el modelo japonés entró en crisis cuando en 1991 explotó la burbuja financiera e inmobiliaria, lo que ha ido frenando hasta hoy el crecimiento económico. En el 2010, el PIB chino superó al japonés.

Japón merece reconocimiento y estima. Cuenta con un sólido sistema democrático, una sociedad cohesionada y grandes medios financieros y tecnológicos. Sigue siendo la tercera economía mundial, tras EE.UU. y China. Y goza, sobre todo, de un recurso extraordinario: el pueblo japonés. Ya ha empezado la reconstrucción. Pero parece que esta vez no bastará con levantar infraestructuras, prevenir mejor los efectos de un tsunami o revisar la política energética; habrá que repensar y revitalizar el país. Sobre las cenizas de Hiroshima renació un nuevo Japón. Ahora, Fukushima es un nuevo punto de partida para que el país resurja con ideas y fuerzas renovadas y afronte con decisión nuevos retos colectivos.

Un terremoto de 6,6 golpea el noreste de Japón un mes después de la catástrofe

El gobierno japonés amplió la zona de evacuación alrededor de la central nuclear de Fukushima este lunes, cuando al cumplirse exactamente un mes de la catástrofe del 11 de marzo se registró un sismo de magnitud 6,6 en el noreste del país, que causó un muerto y desencadenó una breve alerta de tsunami.


El sismo, cuya magnitud inicial había sido estimada en 7,1, sacudió el devastado noreste de Japón a las 17h16 (8h16 GMT) y su epicentro fue localizado a menos de 100 kilómetros de la central nuclear de Fukushima Daiichi (Nº1), donde la corriente eléctrica estuvo cortada durante unos minutos.

Una hora y media antes, a las 14h46, hora exacta del sismo del 11 de marzo, los habitantes del noreste habían observado un minuto de silencio en memoria de los 13.127 muertos y 14.348 desaparecidos de la catástrofe contabilizados por la policía.

En Fukushima no se registró ningún daño, indicó un portavoz de Tokyo Electric Power (TEPCO), el operador de la central.

Este nuevo sismo, consecutivo a más de 400 réplicas desde el terremoto del 11 de marzo pasado, que provocó más de 27.000 víctimas entre muertos y desaparecidos, conmocionó a los habitantes de la zona, que todavía siguen bajo el impacto de la catástrofe anterior.

A raíz del sismo de este lunes, el primer ministro japonés, Naoto Kan, aplazó la conferencia de prensa prevista a finales de la tarde para hacer un balance de la situación al cumplirse el primer mes de la catástrofe del 11 de marzo.

Poco antes del sismo, el gobierno se había mostrado optimista con relación a la situación en la central de Fukushima donde, al parecer, lo peor ha sido evitado. “El riesgo de que la situación en la central nuclear se deteriore y que desemboque en un nuevo escape radiactivo mayor se redujo considerablemente”, dijo el portavoz del gobierno Yukio Edano.

Sin embargo, el gobierno japonés decidió este lunes ampliar la zona de evacuación en torno a la planta nuclear accidentada de Fukushima (noreste), que es actualmente de un radio de 20 kilómetros.

El riesgo de un escape mayor se redujo considerablemente, pero la exposición prolongada a dosis de radiactividad poco elevadas constituye un peligro que justifica esta medida, afirmó Yukio Edano. “Es algo muy difícil, pero en el próximo mes vamos a pedirles a las poblaciones afectadas que se vayan”, dijo Edano en una conferencia de prensa transmitida por televisión.

La nueva zona de exclusión no será circular ni general, se indicó. Más allá de la zona de exclusión de 20 kilómetros, el gobierno evacuará localidades precisas en función de las medidas de radiactividad.

La posibilidad de una catástrofe nuclear más grave que la de Chernobil de 1986 angustia al mundo desde que una ola gigante de 14 metros de altura, provocada por un sismo de magnitud 9, arrasó con las protecciones de la central.

La red eléctrica fue destruida y los circuitos de enfriamiento interrumpidos, lo que provocó un comienzo de fusión de las barras de combustible, seguido de explosiones y de humaredas radiactivas.

El accidente nuclear de Fukushima todavía no ha terminado, consideran los expertos, que dicen que no se necesitarán semanas, sino meses para estabilizar la situación. Hay que “temer los efectos de las réplicas del terremoto, pues la estructura está degradada”, dijo uno de esos expertos.

El gobierno ya anunció que Fukushima Daiichi, que tiene seis reactores, el primero de ellos construido en los años setenta, será cerrada definitivamente.

El primer ministro agradeció este lunes a los países extranjeros que ayudaron a Japón en la crisis, publicando una carta en varios diarios chinos, estadounidenses y europeos. “En un momento desesperado, gente en todo el planeta se unió a nosotros, inspirándonos esperanza y valor”, dice la carta firmada por Kan.

Por su lado, Masataka Shimizu, presidente de TEPCO, viajó por primera vez a la región de la central, donde se disculpó por los “sufrimientos mentales y físico” que provocó el accidente nuclear.

Un mes después, la situación sigue siendo muy difícil para las 150.000 personas que perdieron la vivienda en el sismo y el tsunami del 11 de marzo, muchas de las cuales no vislumbran una mejora a corto plazo. En las ciudades arrasadas por el tsunami, las tareas de limpieza y reconstrucción apenas han comenzado.

En Rikuzentakata, una de las ciudades más destruidas, una mujer de treinta años sigue escarbando en los escombros de su casa. “Ha pasado un mes y sigo buscando algo personal, un recuerdo, aunque sólo sea una foto”, dice la mujer, cuya casa fue arrasada por las olas del tsunami.

Rescatan a un perro que estuvo 21 días en el mar después del #tsunami en #Japón

Los guardacostas japoneses anunciaron el sábado haber socorrido en el mar a un perro que se hallaba a la deriva sobre los restos del techo de una casa, tres semanas después del tsunami que azotó el noreste de Japón.

El animal, aparentemente indemne, fue avistado el viernes por la tripulación de un helicóptero, a unos 2 kilómetros de Kesennuma, un puerto duramente golpeado por la catástrofe, explicó el sábado un responsable.

Los guardacostas intentaron en un primer momento recuperarlo al hacer descender del helicóptero a un socorrista, pero el animal, asustado por el ruido de las hélices, se escapó saltando sobre otros restos flotantes. Entonces, decidieron enviar un barco para rescatar al perro.

Éste, de color oscuro y tamaño medio, lleva un collar. “Pero no hay ninguna indicación suplementaria que permita identificar a su propietario. El perro es muy dulce, y parece en buena forma. Come galletas y salchichas”, declaró el responsable de los guardacostas.

Añadió que ignoraba si el animal pasó efectivamente tres semanas a la deriva sobre un trozo de techo, o si llegó ahí por otras circunstancias.

El sismo y el tsunami del 11 de marzo causaron 11.828 muertos y 15.540 desaparecidos, según un último balance provisional.


#Japón: un millar de cadáveres aún sin recoger en #Fukushima

Unos mil cuerpos de personas muertas durante el sismo y el tsunami del 11 de marzo, en Japón, aún no han sido recogidos porque están en la zona de evacuación en torno a la central de Fukushima, donde el nivel de la radiactividad es elevado, informaron el viernes los medios.

Las autoridades habían previsto en un primer momento recuperar y transportar esos cadáveres fuera del perímetro de 20 km de donde fueron evacuados los sobrevivientes, pero luego reconsideraron ese plan, precisó la agencia Kyodo citando fuentes policiales.

Los cadáveres, en efecto, han quedado sometidos “a fuertes niveles de radiaciones post mortem”, indicó una de esas fuentes, no identificada, por lo que la policía local, en consecuencia, decidió no recoger esos cuerpos.

Diversos problemas se plantean: descontaminar esos cuerpos en el lugar hará aún más difícil su identificación posterior, y entregarlos tal cual están a sus familias acarrearía riesgos de contaminaciones radiactivas aéreas durante su incineración, precisó Kyodo.

Las autoridades niponas solo han ordenado la evacuación, por el momento, de las personas que vivían a 20 km en torno a la central -de donde siguen escapandose vapores radiactivos-, y han aconsejando a los habitantes que viven entre 20 y 30 km alrededor que permanezcan encerrados en sus casas.

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) y la organización ecológica Greenpeace han recomendado ampliar esa zona de evacuación.

La central nuclear de Fukushima Daiichi (Fukushima 1) fue inundada por el tsunami consecutivo al sismo del 11 de marzo, lo que provocó fallas en los sistemas de enfriamiento y, luego, una cadena de incidentes, explosiones y contaminaciones radioactivas en la zona.

Unas 28.000 personas murieron o se encuentran en condición de desaparecidas a raíz de sismo y de tsunami que golpearon el noreste de Japón, según un balance oficial, aún provisorio, de las autoridades.

#Tsunami arrasó en #Japón 470 kilómetros cuadrados

El tsumani que se produjo el 11 de marzo tras el terremoto en Japón arrasó un total de 470 kilómetros cuadrados a lo largo de la costa, informó hoy el canal NHK World.

La emisora se basó en un informe de la firma especializada Pasco, que analizó datos procedentes de los satélites.

La costa más afectada fue la de la prefectura de Miyagi (300 kilómetros cuadrados), a la que le sigue la de Fukushima (110 km2) y la de Iwate (50 km2).

A causa del terremoto de magnitud 9,0 y el posterior tsunami murieron según los últimos datos oficiales 10.102 personas y más de 17.000 están desaparecidas.

@reflexionfidel: La alianza igualitaria

Al anochecer del sábado 19, después de opíparo banquete, los líderes de la OTAN ordenaron el ataque contra Libia.

Desde luego, nada podía ocurrir sin que Estados Unidos reclamara su papel irrenunciable de máximo jefe. Desde el puesto de mando de esa institución en Europa, un oficial superior proclamó que se iniciaba la “Odisea del Amanecer”.

La opinión pública mundial estaba conmovida por la tragedia de Japón. El número de víctimas del terremoto, el tsunami, y el accidente nuclear, no ha cesado de crecer. Son ya decenas de miles las personas muertas, desaparecidas e irradiadas. Crecerá considerablemente también la resistencia al uso de la energía nuclear.

El mundo está sufriendo a la vez las consecuencias del cambio climático; la escasez y el precio de los alimentos, los gastos militares y el derroche de los recursos naturales y humanos, crecen. Una guerra era lo más inoportuno que podía ocurrir en estos momentos.

El recorrido de Obama por América Latina ha pasado a un segundo plano, nadie apenas se ocupa del tema. En Brasil, se han hecho evidentes las contradicciones de intereses entre Estados Unidos y ese hermano país.

No puede olvidarse que Río de Janeiro compitió con Chicago por la sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

Obama quiso congraciarse con el gigante suramericano. Habló del “extraordinario ascenso de Brasil” que ha llamado la atención internacional y elogió su economía como una de las que más rápido crece en el mundo, pero no se comprometió en lo más mínimo con apoyar a Brasil como miembro permanente del privilegiado Consejo de Seguridad.

La Presidenta brasileña no vaciló en expresar su inconformidad con las medidas proteccionistas que Estados Unidos aplica a Brasil, a través de tarifas y subsidios que han constituido un fuerte obstáculo a la economía de ese país.

El escritor argentino Atilio Boron afirma que a Obama:

“…lo que [...] más le interesa en su calidad de administrador del imperio es avanzar en el control de la Amazonía. Requisito principal de este proyecto es entorpecer, ya que no puede detener, la creciente coordinación e integración política y económica en curso en la región y que tan importante han sido para hacer naufragar el ALCA en 2005 y frustrar la conspiración secesionista y golpista en Bolivia (2008) y Ecuador (2010). También debe tratar de sembrar la discordia entre los gobiernos más radicales de la región (Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador) y los gobiernos ‘progresistas’  -principalmente Brasil, Argentina y Uruguay…”

“Para los más osados estrategas estadounidenses la cuenca amazónica, al igual que la Antártida, es un área de libre acceso en donde no se reconocen soberanías nacionales…”

Mañana Obama se traslada a Chile. Llegará precedido de una entrevista que concedió al diario El Mercurio, publicada hoy domingo, en la que confiesa que el “Discurso para las Américas” -así lo califica-  se funda en una “alianza igualitaria” con Latinoamérica, que casi nos deja sin aliento al rememorar “La Alianza para el Progreso” que precedió la expedición mercenaria de Playa Girón.

Confiesa textualmente:

“nuestra visión para el hemisferio [...] se funda en el concepto de alianza igualitaria que he perseguido desde que asumí la Presidencia de Estados Unidos.

“‘También me enfocaré en áreas especificas en las que podemos trabajar juntos, como el crecimiento económico, la energía, la seguridad ciudadana y los derechos humanos’…

“Esa visión, puntualizó, tiene por objetivo ‘mejorar la seguridad común, expandir las oportunidades económicas, asegurar un futuro energético limpio y apoyar los valores democráticos que compartimos’.

“…promover un hemisferio seguro, estable y próspero en el que Estados Unidos y nuestros aliados comparten responsabilidades en asuntos claves tanto a nivel regional como global.”

Todo como puede apreciarse maravillosamente bello, digno de enterrarse como los secretos de Reagan, para publicarlo dentro de 200 años. El problema es que como informa la agencia DPA, según sondeo realizado por el diario La Tercera

“…en 2006 el 43 por ciento de la población chilena rechazaba las centrales nucleares.

“Dos años después el rechazo subió a 52 por ciento y en 2010 llegó a 74 por ciento.” Hoy, después de lo ocurrido en Japón alcanza al “…86 por ciento de los chilenos…”

Faltaría solo hacerle una pregunta a Obama. Tomando en cuenta que uno de sus ilustres predecesores, Richard Nixon, promovió el golpe de Estado y la muerte heroica de Salvador Allende, las torturas y el asesinato de miles de personas, ¿pedirá el señor Obama excusas al pueblo de Chile?

Fidel Castro Ruz

Marzo 20 de 2011

8 y 14 p.m.

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